La escuela de la Señorita Olga

 

No puedo dejar de emocionarme al volver a ver y escuchar a los antiguos alumnos de la escuela Dr. Gabriel Carrasco del barrio de Rosario (Argentina), la mundialmente conocida como “La escuela de la señorita Olga”, nombrada así en honor a su Directora Olga Cosettini.
La escuela de primaria, considerada como centro experimental, desarrolló su extraordinaria labor entre 1935 y 1950.

En el documental sobre las hermanas Cosettini se aprecia como en la base de la concepción del currículum escolar estaba la convicción de que la escuela debía desarrollar capacidades en el niño (las competencias clave que promueve la OCDE) como imaginar, crear, expresarse (eligiendo el lenguaje propio para hacerlo), de análisis, pensamientos crítico, trabajo en equipo…

Actividades como el teatro, el laboratorio de ciencias, la danza, los conciertos, el modelado, las excursiones casi diarias, la revista escolar, la cooperativa de alumnos, las misiones culturales, la biblioteca escolar y pública, el consultorio odontológico, el control oftalmológico, el club de madres y la asociación de padres se integraron con armonía al quehacer cotidiano
Pareciera que las hermanas Cossettini desarrollaban ciertas competencias reconocidas para el estudiante del siglo XXI. De los tres grandes dominios cognitivos que el Catedrático Javier Tourón recoge en su blog (Talento y Educación), podemos decir, que excepto la alfabetización digital/TICs, desarrollaban todas las demás:

1. Conocimientos fundamentales (saber)
Alfabetización Digital / TIC, Conocimientos de materias básicas, conocimiento interdisciplinar.

2.El conocimiento humanístico (valorar)

Vida/destrezas para el trabajo, conciencia ética / emocional, Competencia Cultural

3. Meta Conocimiento (actuar)
La creatividad y la innovación, resolución de problemas y el pensamiento crítico, la comunicación y la colaboración
¿De qué hubieran sido capaces si hubieran tenido acceso a internet y nuevas tecnologías?

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Aprendizaje cooperativo y TICs

En los nuevos paradigmas educativos es necesario desarrollar la competencia “aprender a aprender”, puesto que la formación no se ciñe a un espacio y tiempo determinado, sino que exige mantener cierta capacidad de aprendizaje a lo largo de toda la vida (OCDE 1996, 1999, 2001 y 2004).

La comisión Europea en 2007 establece la siguiente definición para esta competencia “aprender a aprender” 

Comprende la disposición, motivación y habilidad para organizar y regular el propio aprendizaje, tanto individualmente como en grupos. Incluye la habilidad de organizar el tiempo propio de forma efectiva, de resolver problemas, de adquirir, procesar, evaluar y asimilar conocimientos nuevos y de ser capaz de aplicar nuevos conocimientos en una variedad de contextos

El constructivismo se nutre de las aportaciones sobre el aprendizaje de distintas teorías: desde los estudios cognitivos de Piaget y la relevancia de la interacción social en la educación defendida por Vygotski, hasta las corrientes de la sicología educativa que destacan la importancia del aprendizaje significativo de Ausubel.

Frente a otros modelos educativos centrados en la transmisión de contenidos, el constructivismo defiende que el conocimiento es una construcción del ser humano y que se realiza a partir de los esquemas previos que ya posee. El profesor actúa como un mediador, facilitando los instrumentos necesarios para que el alumno construya su propio aprendizaje.

Las características de las nuevas tecnologías en el aula permiten un uso educativo constructivista, estableciéndose como canales de comunicación, interacción social, participación, investigación, experimentación, creación, gestión, etc.
Una de las propuestas más eficaces y motivadoras son los proyectos colaborativos donde los alumnos de diversos centros realizan proyectos conjunto coordinando su trabajo a través del correo electrónico.

Un ejemplo de ello es el proyecto SWOOP (Students Watching Over Our Planet) coordinador por  Terry Kerns, profesor de la Universidad estadounidense de West Virginia.


Uno de sus objetivos es estimar el valor del pH de la lluvia en todas las zonas del mundo en las que pueda encontrar estudiantes que lo midan. Este curso están participando más de doscientas escuelas repartidas por los siguientes países: Alemania, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Hungría, Israel, Italia, Japón, Lituania, Rumanía, Singapur, Sudáfrica, Suecia y Zambia.

El proyecto, que se lleva a cabo todos los años, tiene una duración aproximada de dos meses, uno en otoño y otro en primavera. Los alumnos deben registrar diariamente la cantidad de lluvia caída en su colegio y medir su acidez. Los resultados obtenidos se envían, al final de la semana, al coordinador del proyecto, por correo electrónico. El coordinador, por su parte, remite al colegio la información recogida en todo el mundo durante esa misma semana. Además, de vez en cuando, añade información sobre experimentos, relacionados con la lluvia ácida, que se realizan en cualquiera de los colegios participantes. A modo de ejemplo: diferentes formas de recoger la lluvia y de medir su acidez; comparación entre diferentes métodos de medir el pH; comprobación de los factores que influyen en la acidez de la lluvia…
Desde el punto de vista educativo, el proyecto es altamente motivador porque implica a los estudiantes en actividades científicas de primera línea, dándoles la oportunidad de compartir información con estudiantes de otros países a través de Internet y además utilizan el inglés como herramienta práctica y necesaria. 
Si deseáis obtener más información sobre este u otros proyectos cooperativos, no dudéis en hacérnoslo llegar.