El acto pedagógico durante el periodo de confinamiento

Durante estas tres últimas semanas se habla mucho del cambio radical que escuelas, universidades, profesores, alumnos y padres han tenido que afrontar para poder seguir gestionando sus cursos y clases durante el confinamiento.

Desde la urgencia, la mayoría, se ha centrado en herramientas digitales, plataformas y correos para mantener al día cierta estructura docente. Muchas webinars y videotutoriales para aprender a hacer actividades con tal o cual, para organizar una plataforma, para hacer juegos online, para hacer cuestionarios…para hacer…hacer…y hacer….

Siempre lo decimos, y en esta ocasión los decimos más alto, más claro, y en varios formatos, incluida la webinar: Antes de hacer, hay que reflexionar. Primero hay que diseñar, cual arquitecto, cómo queremos que se produzca el acto pedagógico, para después valorar cuáles serán los instrumentos y elementos que nos ayuden a estructurarlo. De nada sirve, absolutamente de nada, que el alumnado hoy (pequeños, medianos y grandes), viviendo la tragedia que vivimos, reciba tareas, ejercicios, deberes o contenidos a través de las herramientas digitales más sofisticadas, sin que se produzca el elemento más básico del aprendizaje, la relación entre profesor y alumno.

Nos estamos encontrando muchos casos, donde los profesores aprenden a manejar una plataforma para colgar tareas y ejercicios y todavía no se han visto ni una sola vez desde el 13 de marzo, donde ahora «cuelgan» las mismas tareas para todos aunque tengamos un niño con TEA, o familias que, alejadas del mundo digital, no han tenido contacto con nadie.

El acto pedagógico que describía Marta Souto (1993) en su libro Hacia una didáctia de lo grupal es un encuentro, es una relación, se da en un espacio y en un tiempo, surge en un contexto sociocultural, en un tiempo histórico social, desde tiempos históricos personales, es una realidad concreta, es un escenario imaginario, es acción entre el que aprende y el que enseña, surge en torno a la función del saber, es intercambio para la apropiación de un contenido cultural por parte de un sujeto (alumno) a través de la mediación de un otro (maestro).

Si reflexionamos sobre cada palabra que hemos señalado en negrita, tal vez, consigamos nuestro objetivo, movilizarnos hacia un re-diseño del acto pedagógico que va mucho más allá de «utilizar Google o Microsoft«. Quizás las primeras preguntas que debamos hacernos son: ¿Cómo estás mis alumnos, en casa de quién están? ¿Cómo están las familias, en qué situación personal, laboral incluso digital se encuentran cada una de ellas? ¿cómo me voy a comunicar con mis alumnos y con sus familias? ¿Cada cuanto tiempo? ¿Cómo debo llevar a cabo mis clases ahora: que lo miren por su cuenta, que se lo expliquen sus padres, que se organicen entre ellos que para usan siempre el whatsapp…les entrego algún vídeo, lo explico yo en una videoconferencia con todos? ¿Cómo y cuándo voy a estar disponible si tienen dudas? ¿Haré trabajos en grupo? ¿Mantendré reuniones grupales con ellos? las tareas que tienen que hacer ¿serán ejercicios del libro del texto o dadas las circunstancias es mejor que hagan tareas globales y contextualizadas? ¿Qué tipo de feedback debo hacer? ¿qué quiero que aprendan en este momento? ¿Cómo voy a valorar lo que aprenden? y ¿cómo voy a calificar?

Algunas de estas preguntas surgieron en la webinar, que organizamos hace unas semanas cuyo título es «Emociones y pedagogía en tiempos de coronavirus» que organizamos entre Natalia Orenes y yo (Déborah Martín R.), conjuntamente con Enrique de la Torre, psicólogo psicoanalista, psicólogo sanitario y psicólogo forense.

Muchos profesores y directores nos plantearon sus dudas y realizaron aportaciones a este interesante debate, donde pudimos hablar de aquellos elementos realmente relevantes para este momento y en este contexto social que vivimos. Esperamos que os llegue muy dentro. 


Como siempre os digo, muchas gracias por leernos, seguirnos y escucharnos, y ahora más que nunca, llevad cuidado.

Un saludo

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