Enfocando el objetivo

Enfocar es dejar nítida aquella realidad que está a cierta distancia o, en términos ópticos, hacer coincidir la luz que incide en el objetivo de la cámara, con lo que se pretende captar o representar. De ahí este post, que tiene que ver con esa sensación inicial borrosa que uno tiene cuando trata de enfocar, y progresivamente va obteniendo una imagen perfectamente nítida.

Esta metáfora viene porque en estas últimas semanas hemos sentido a nuestro alrededor mucho ruido educativo. Lamentablemente, en algunos casos, ha tenido que ver con el edu-businnes (término que hemos conocido hace unos días en la cuenta de @PsicEduM , que aunque su lenguaje no encaje con nuestro estilo, su contenido, sí). Podríamos definir el edu-businnes, como la comercialización en exceso y oportunismo de muchas entidades y personas para hacer negocio y lucrarse de los movimientos que se producen en educación, el aprendizaje, la transformación educativa, etc. como fin en sí mismo, enmascarándolo con otra idea.

A este respecto, tenemos mucho que decir, pero no será ahora, sino en una entrada posterior. Esto está más relacionado con esa borrosidad inicial al enfocar, y hoy es día para escribir sobre la nitidez de la realidad, enfocar el objetivo y no perderse.

Con tanto ruido, uno pierde perspectiva y se desorienta. Necesitábamos centrarnos, centrar el foco y no dejarnos llevar por otras cuestiones que no sean nuestros principios, nuestra misión y un para qué. Así fue como, hace una semana, regresábamos a las escuelas Reggio Emilia para re-conectar con aquello que hace ya 16 años nos movilizó el alma.

Como pedagoga, psicóloga forense y criminóloga he tenido la oportunidad de estar cerca de los centros penitenciarios, centros de menores, adolescentes agresivos, antisociales, etc, conocer sus historias, su sufrimiento y su ira. Fue en 2003, cuando iba a nacer mi primer hijo, cuando me cuestioné los valores que quería trasladarle y en qué entorno debía crecer para evitar tanta hostilidad. Así fue como re-conecté con mi experiencia como alumna de escuela Montessori (de verdad, no de las falsas) y con la teoría e historia de la educación que había estudiado en 1994 y que tanto me gustó.

Siempre cercana a mi departamento favorito, el MIDE (Métodos de investigación y diagnóstico en educación) de la Universidad Complutense, sentí su apoyo en mi nuevo propósito “prevenir para evitar aquello” y montar una Escuela que no me pusiera los pelos de punta o me entraran ganas de llorar al sentirlas como aparcamientos en vez de espacios educativos. Me alimentaron con investigaciones, lecturas, datos, vídeos de otras escuelas fuera de España, imágenes, información y evidencias científicas para diseñar un proyecto educativo y un edificio que se adaptara a un proyecto concreto. En definitiva, una escuela concebida como su etimología griega, un lugar para cultivar el espíritu. Una escuela homologada, autorizada y valorada por inspección (pasaron 5 diferentes) que recogía los principios de la pedagogía activa y, lo más importante, respetuosa con los ritmos. No podemos dejar aquí imágenes por la privacidad pero nos hicieron alguna entrevista en directo y aquí os dejamos un trocito, por si se puede percibir algo, aunque hay más circulando por las redes.

No era un proyecto alternativo, ni utilizábamos nuevas metodologías, ni TIC, ni palabras anglosajonas. Nos basábamos en evidencias, en investigaciones educativas que trasladábamos a nuestra realidad de entonces. Es más, la escuela se concibió como un espacio para la investigación (Tonucci, 1988) tanto de los niños, como del equipo. Los padres firmaban una autorización para poder grabar a sus hijos en la escuela cuya finalidad era puramente pedagógica para mejorar la intervención educativa. Estas grabaciones las utilizábamos en nuestras reuniones de equipo para observar y mejorar nuestra práctica. También en las reuniones de padres, donde mostrábamos lo que trabajábamos, cómo lo hacíamos y por qué lo hacíamos. En definitiva teníamos un proyecto educativo que defendíamos y mejorábamos día a día.

Cuando estábamos dispuestos a lanzar primaria, teniendo el proyecto definido, el lugar y el equipo, la crisis económica impidió avanzar, pero no impidió sembrar. Así fue, cuando empezamos a recibir llamadas de emprendedores que querían montar una escuela diferente o escuelas que querían hacer cambios…Todos se preguntaban ¿Cómo lo habéis hecho? ¿Cómo conseguiste la autorización? ¿Cómo hacíais la programación didáctica si trabajabas por proyectos? ¿Cómo se hacía la evaluación? ¿Qué formato tenían los informes de progreso? ¿Cómo se decidían los espacios? ¿Cómo se elije el material? ¿Cuál es la flexibilidad horaria necesaria? etc, etc…la polinización de la siembra se extendía….no sin formación permanente por nuestra parte.

Con el tiempo, la rapidez de la información que proporciona internet para lo bueno, también lo hace para lo malo. El ruido que hacen las fake news educativas, los mitos sobre los estilos de aprendizaje, sobre las inteligencias múltiples, sobre la gamificación, los gurús educativos que “se miden” por seguidores de twitter, o peor, algunos son contratados por Universidades para tener más alumnos, influencers educativos que no saben de psicología evolutiva, ni del aprendizaje, ni de investigación, ni de historia de la educación, másteres de coaching educativo (yo coacheo, tu coacheas, él coachea…) vídeos que dicen desarrollar competencias, como si aprendieras inglés mientras duermes, directores de centros que no saben nada de pedagogía, centros que dicen hacer mindfulness a pesar de que los niños están estresados desde que entran hasta que salen, o la “guerra de las Galaxias” que se produce con la compra-venta de APPS R2P2, Chomebooks, Ipad, Google, Microsoft…etc… La competitividad que de pronto ves que surge entre aquellas que se auto denominan comunidad… o incluso, ¿por qué no proponer la palabra innovación como la primera del diccionario debido a su uso y abuso? ¿No se permitió el término cocreta?

PUES NO!!! Frente a tanto ruido, hay que enfocar, parar, coger aire y pensar en el para qué y en el cómo. La educación no mejora sólo con la opinión de la gente. Ni la educación, ni la medicina, ni la optometría, ni ninguna disciplina, sino con profesionales de su campo. Lo contrario yo lo llamo intrusismo, y en educación, lamentablemente, se dan cada vez más casos. Abducidos por las grandes compañías tecnológicas, vemos que unos y otros firman acuerdos y entre los nombres de sus equipos no hay pedagogos con trayectoria, ni psicólogos de prestigio, ni educadores con formación, basta con tener un logo de colores y hacer mucho ruido en las redes. Parece que todos sabemos de todo, de fútbol, de política, pero sobre todo, de educación

Volver a Reggio nos ha supuesto sentir otra vez qué es la pedagogía activa, respirar sus principios y enfocar nítidamente hacia el tipo de escuela que defendemos. En algunos aspectos dista un poco de lo que algunos venden como “metodología activa”. Montessori, ya la defendió como La pedagogía científica, pero algunos esta parte no la leyeron.

La escuela que enfocamos tiene una filosofía pedagógica dirigida al desarrollo armónico, a la formación interna y al desarrollo de las potencialidades individuales de sus alumnos. Mantiene una filosofía de trabajo que integra diversas disciplinas (pedagogía, psicología, filosofía, biología y la medicina preventiva) con el fin de que el alumnado que atienda pueda desarrollarse plenamente. La escuela que defendemos sigue los principios de la escuela activa integrados y  adaptados a un momento histórico y social actual, enmarcado en una legislación educativa concreta.

Deseamos una escuela que pueda definirse en:

  • Sus principios pedagógicos
  • El clima del centro
  • El bienestar del alumnado y profesorado
  • La elección de itinerarios curriculares
  • La relación docente- alumno
  • La formación de su profesorado
  • Los agrupamientos
  • El material pedagógico
  • La relación con el entorno
  • Las actividades que realizan los alumnos
  • La organización de los espacios internos y externos.
  • Espacios de acción, espacios de concentración.
  • La participación de los padres
  • La calidad de la comida (si tienen comedor)
  • La evaluación educativa (del aprendizaje, para el aprendizaje, de los programas y del centro)

Y sobre todo, en las situaciones que ofrece para fomentar el deseo innato de investigar y fomentar la curiosidad. Defendemos una escuela como un laboratorio donde se encuentre lugar para la experimentación, la concentración, la calma y la interiorización de lo aprendido. Un espacio donde lo que se empieza se acaba, un espacio con tiempo para el silencio, sin la presión de un timbre.

No se trata de hacer ruido permanentemente, no se trata de tener a los niños ocupados y estresados. No se trata de entretener a los alumnos para que no se aburran. No se trata de “hacer y hacer” o utilizar Kahoots sin sentido pedagógico. Se trata de crear un proyecto y utilizar las herramientas que sean precisas para llevarlo a cabo.

Nuestro foco es colaborar con aquellos que busquen crear un espacio como el que estamos describiendo, ofreciéndole nuestros servicios de asesoramiento o formación, únicamente con esta finalidad. Queremos contribuir en la reflexión y formación del profesorado para que la escuela se convierta en un espacio que invite a la serenidad, al movimiento, a la observación y la exploración;un lugar para aprender a aprender.

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