¡¡Vendo “malacatones”, oiga!!

“Malacatones”, ogia!! “Malacatones” baratos a precio de innovación educativa!!. Así resuena en lo profundo de mi alma, mucho de lo que leo sobre  “innovación”; cual mercadillo.

Y digo mercadillo, no mercado. Esto incluso ayudaría a la escuela a avanzar más rápido. El problema que observamos es cómo el concepto de innovación educativa se ha corrompido y degradado.

Innovar, se ha convertido en hacer algo “chulo”, algo que “mole”, que esté de moda, que tenga que ver con el uso de herramientas digitales y que cuando lo comuniques tenga muchos retweets; por ejemplo, utilizar las redes sociales en clase (aunque no sepamos exactamente qué queremos conseguir con esto), usar google classroom (aunque el contenido no tenga un diseño de instrucción), utilizar Kahoot (porque los viernes es lo mejor, etc…), sustituir los libros de texto por libros digitales de la editorial, o incluso, incorporar Ipads en el centro porque “el comercial nos hizo una buena oferta”, siendo que en muchos casos (afortunadamente no en todos), ni si quiera, se habían preguntado “¿qué quiero conseguir con esto?”

El verdadero concepto de innovación educativa no es algo frugal, espontáneo, gratuito, ni surge de la invención.

La innovación educativa es considerada como una acción permanentemente realizada mediante procesos de información procedentes de la investigación y de la evaluación educativa para buscar nuevas soluciones a los problemas planteados en el ámbito educativo (Pérez Pérez R. 2011, p.125)

Es decir, que el concepto de innovación implica incorporar algo nuevo, sí, pero no es un simple cambio, sino una aportación que facilite resolver problemas o necesidades educativas detectadas. La innovación tiene una característica que la define, y es que está orientada a unos objetivos educativos que para lograrlos, se despliega todo un proceso de recogida de información, evaluación de la práctica educativa bajo criterios teóricos previos y definidos por modelos educativos para incorporar nuevas técnicas  en la práctica educativa. De esta manera volvemos a evaluar si los objetivos previstos han sido satisfactoriamente cubiertos y las necesidades detectadas. Es un proceso, que además, exige componentes integrados de acciones e implica “tocar” al sistema organizativo.

Como propuesta, para entender mejor el concepto y siguiendo los criterios de Havelock y Huberman (1980) – fíjense 1980- la innovación educativa:

 

Trabajemos en esta dirección y hagamos de la docencia una profesión, no un mercadillo que venda “malacatones” a ritmo de Soul.

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