EducAcción para la transformación

Se habla mucho en estos días sobre educación. En algunos países, como Ecuador, se plantean incluso un programa de transformación educativa para el desarrollo del talento de sus ciudadanos. En España, la situación económica y social por la que atraviesa, hace que todo esté un tanto confuso. La tan mencionada “crisis” nos permite analizar en detalle ciertos desórdenes y tomar las medidas oportunas para ajustar a las necesidades educativas y sociales, y adaptarlas a las posibilidades reales económicas. En algunos casos, los cambios pueden ser estructurales, lo que supone ajustarnos a nuevos paradigmas ocasionando incertidumbre aunque sean los más acertados
La educación se ve afectada por recortes económicos, modificaciones de ratios, cambios de organización en etapa Secundaria, tal vez la educación infantil pública también se vea afectada…
Los planes de estudio han sido modificados en numerosas ocasiones desde 1985 (LODE, LOGSE, LOCE, LOE, LOMCE) los sistemas de evaluación e incluso los ratios pero de lo que no se habla, generalmente, es de los métodos. En diferentes partes del mundo se utilizan modelos educativos inspiradores. Los sistemas de mayor éxito invierten en profesores (formación y cualidades personales). Esto suele deberse a que los alumnos tienen más éxito cuando sus maestros utilizan métodos para desarrollar sus talentos, desafíos, su creatividad y habilidades. 

La escuela tiene como misión fundamental contribuir a la mejora de la sociedad a través de la formación de ciudadanos críticos, responsables y honrados. La educación es el proceso que desarrolla nuestros recursos personales y nos permite utilizar los recursos del entorno y la información de alrededor para adaptarnos y alcanzar nuestro bienestar y la salud de nuestra comunidad. En definitiva, la escuela enseña (Santos Guerra, 2011).

El paso que proponemos, la transformación educativa que proponemos, en este momento idóneo para ello, es que la escuela aprenda. No se puede enseñar mientras no se aprende durante la misma tarea de la enseñanza (Bleger 1986). Este proceso debe restablecerse plenamente.
En el planteamiento tradicional hay uno que enseña y otro que aprende. Esta repetición de las clases magistrales conlleva la ventaja de que no se enfrentan a cambios ni a situaciones nuevas que de lo contrario generarían ansiedad.
Es necesario pasar de un modelo basado en rutinas y certezas a otro que esté sustentado en incertidumbre. Sabemos que este estado puede resultar incómodo. Sin embargo, la escuela debe hacerse preguntas, preguntarse lo que sucede con las personas, preguntarse qué sucede con las cosas, cómo suceden y por qué.
Así se fomenta, a su vez la investigación, la indagación rigurosa, tanto en el profesorado como en el alumnado. La investigación surge de la motivación. Ahí está el verdadero aprendizaje, y sabemos que aquello que se investiga de manera ordenada, planificada y se difunde, se interioriza mejor que la mera información memorística. Aquellos conceptos que nos sirvan como herramientas, útiles, para conseguir un fin se asimilan de manera teórica, práctica y trasversal.
Por ese motivo las asignaturas no deberían ser sueltas y obsoletas. Tendremos que analizarlas de manera global e interrelacionarlas unas con otras, haciendo proyectos, programas o estudios que lleven a los alumnos a tener que utilizar conceptos de cada una de ellas y así ver la realidad y operatividad. Este tipo de metodologías, donde además se asignan ciertas responsabilidades a los alumnos fomentan con creces la creatividad y el trabajo en equipo.

Por otra parte, las nuevas demandas sociales y la sociedad del conocimiento donde es tan fácil acceder a la información, nos lleva a replantear alguna de las asignaturas (OCDE 2011)que están demostrando ser poco pragmáticas a día de hoy .

Proponemos una pedagogía de la acción, donde el alumno sea partícipe de su propio aprendizaje y que el profesor proponga situaciones que  lo fomenten. Sin embargo, se puede malinterpretar el concepto de aprendizaje que proponemos, con otro meramente cognitivo.
Anteriormente, mencionábamos que la educación desarrolla nuestros recursos personales, y es ahí, donde también tenemos que hacer un cambio, en el concepto que tenemos de la escuela. Muchas veces la sociedad limita el objetivo de la institución escolar al aprendizaje cognitivo y dejamos de lado el desarrollo personal, afectivo y emocional que el alumno realiza como parte de una comunidad.
Los intereses de los alumnos, sus cualidades, sus emociones son factores subjetivos que no se pueden disociar de la tarea, del aprender. Más bien al contrario, cuando está presente el ser humano en su totalidad, es cuando se produce el mayor grado de eficiencia (Bleger, 1986).
Cuando está el ser humano, cuando está integrado y cuando se le mira como un todo fomentando sus ilusiones, permitiéndole su ritmo, disfrutando del proceso, motivando por aprender, motivando por investigar, por ordenar, por difundir, por crear, por hacer preguntas, por pensar. En definitiva, cuando se le tiene en cuenta, surge la experiencia educativa transformadora, adaptándose a los cambios constantes y frente a las cosas tales como son.

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